Segunda referencia al Da Greco en Manitas de Cerdo y, como siempre, altamente recomendable.
Da Greco es un restaurante único en su categoría. Todavía no he encontrado nada igual. Su ubicación en els Jardinets del Passeig Gràcia de Barcelona, pasada la Avenida Diagonal al final del majestuoso paseo, eleva las expectativas. La puerta exterior, aunque gruesa e imponente, casi pasa desapercibida. Hay que fijarse bien.
Restaurante Da Greco (Barcelona)
Una vez dentro me recuerda al Espai Barroc, no porque sus muros sean centenarios, sino por la abundante y variopinta decoración barroca y rococó. Hoy me han puesto en la sala del fondo, para mí de los espacios más privilegiados, aunque, a decir verdad, todo el restaurante y hasta los servicios tienen su encanto.
Mi compañero de mesa se retrasó buenos minutos. Tuve ocasión de repasar bien el espacio e incluso tomar alguna fotografía. También pude estudiar la carta y fijarme en el servicio, encabezado siempre por la atenta Maître y su séquito de discretas y jóvenes camareras. Al pasar los minutos, se me acercó una de las muchachas interesándose por algún deseo inmediato.
Una Vichy, por favor –le dije fijándome bien en sus ojos para evitar el episodio del Marina del Hotel Arts del pasado julio. A diferencia del camarero del Marina, ella simplemente asentó con la cabeza y dibujó una fugaz sonrisa en respuesta a mi petición.
Me sorprendió el rápido encaje del encargo y pensé, seguro que traerá otra San Pellegrino. No olvidemos que Da Greco es un restaurante italiano y ese producto es considerado el champagne de las aguas minerales; eso dicen.
Oh sorpresa, al poco rato volvía con la Vichy, pero en esta ocasión, con una botella de un litro. Mujer –estaba a punto de decirle– me encanta la Vichy, pero no estoy deshidratado.
No me atreví, parecía tan endeble. Total –pensé– Vichy es el Marc de Champagne de las aguas minerales. Con un litro tendría líquido suficiente para toda la comida, platos de muestra incluidos.
Primero llenó mi copa y acto seguido la de mi compañero que aún no había llegado. Interesante –pensé– ¿por qué lo habrá hecho? Igual le conocía y se imaginaba su entusiasmo por la Vichy. Imposible –me respondí– habrá llenado dos copas porque sabe que me chifla esa agua mineral.
También podría ser la amiga del camarero del Marina del Hotel Arts, quien habrá leído aquel post y sentía la imperiosa necesidad de reparar su falta de comprensión. Tampoco –concluí por el improbable cúmulo de casualidades. Quizá sirvan también una degustación de la bebida a los acompañantes como con las pastas…
Por fin llegó mi colega. Nos saludamos y le ofrecí la copa de agua de Vichy por si le apetecía. Se la bebió. Miramos la interesante carta y, a diferencia de mi, ordenó una copa de vino blanco. A mi, en cambio, me quedan todavía setecientos centilitros de la preciada agua de Caldes de Malavella. En mi interior había una leve esperanza por la desgustación de su vino.
Llegaron los platos, deliciosos como siempre y también el vino. Pero, la camarera, con la misma discreción y una fugaz sonrisa, empezó a llenar la copa de mi consocio hasta arriba del todo. ¡Gracias, gracias! –exclamó sorprendido por la inusual generosidad en vino a copas. Y se la bebió.
No me cabe duda: se trataba de la amiga del joven camarero del Marina del Hotel Arts. Era la revancha de San Pellegrino.
Larga vida a la fantástica cocina italiana del Da Greco. Volveré.
Da Greco, c/Passeig de Gràcia, 116 bis “Jardinets” (Barcelona). Tf. 93 218 65 50
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